Nuestro presidente virtual, Ollanta Humala Tasso, iniciará en breve una gira por los países vecinos iniciándola por Brasil, donde deberá conversar con su buen amigo, el ex presidente Luis InácioLula Da Silva.
¿Qué sabemos sobre el hermano país, su reciente pasado político y de su más connotado líder, quien será su anfitrión junto con su sucesora la presidenta actual de Brasil DilmaRousseff?
Sobre todo lo anterior, a continuación un ‘ayuda- memoria’ para el viaje de encuentros de nuestro próximo mandatario.
Extracto de los archivos de nuestro director.
Biografía de Lula Da Silva
De origen muy pobre a la presidencia de una nación. Lula se convirtió en una promesa para muchos desde 2003, año en que ganó la presidencia proclamando la llegada de una "nueva era" a Brasil. Quién es este hombre que con su triunfo se convirtió en un cambio de modalidad, no sólo para el Brasil sino también para toda Latinoamérica.
La pobreza como mandato
LuizInácio Lula Da Silva nació en Vargem Grande, actual Caetés, en el estado de Pernambuco, el 27 de octubre de 1945. Tiene siete hermanos -cuatro varones y tres mujeres- y él fue el séptimo. Se crió en una familia de labradores formada por AristidesInácio da Silva y Eurícide Ferreira de Melo. Poco después de su nacimiento, su padre se mudó a San Pablo para trabajar como estibador en el puerto de Santos. En una biografía autorizada, Lula afirmó que su padre -al que recién conoció cuando tenía cinco años- "era un pozo de ignorancia".
En 1952, con su madre y sus hermanos viajaron durante trece días en un camión atestado para Guarujá -en el litoral paulista-. En 1956 finalmente se instalaron en la capital de San Pablo, donde Lula, a los 12 años, comenzó a trabajar como limpiabotas y luego como ayudante en una tintorería. A los 14 años consiguió un puesto en una metalúrgica, donde trabajaba doce horas diarias. De igual forma se hizo de tiempo para realizar un curso de tornero mecánico del Servicio Nacional de Industria, que culminó en 1963.
A los 22 años se casó con Maria de Lourdes, una operaria textil, quien a los dos años quedó embarazada, pero ella y su bebé murieron durante el parto. Luego tuvo una hija, Lurian, con la enfermera Miriam Cordeiro, y en 1974 conoció a su actual esposa, Marisa Leticia, viuda y madre de un niño, con quien ha tenido tres hijos más.
Un cambio de mentalidad
En 1966 comenzó a trabajar en las Industrias Villares donde, a pesar de ser un trabajador despolitizado, se inició en el sindicalismo debido a su hermano mayor, Frei Chico -ligado al Partido Comunista Brasileño-, quien fue arrestado y torturado por los militares. A partir de entonces Lula participó de forma activa de la vida sindical y en 1972 fue elegido primer secretario del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo.
En 1975 y 1978 fue elegido presidente del sindicato metalúrgico y lideró varias huelgas que aceleraron el final de la dictadura. En abril de 1980 encabezó un paro de 41 días en el que participaron 270 mil trabajadores paulistas y por el cual fue arrestado durante un mes. El 10 de febrero de ese mismo año, junto a otros sindicalistas, intelectuales y académicos, lanzó el manifiesto que fundaba el Partido dos Trabalhadores (PT), en medio de un renacimiento del debate político en la sociedad.
Lula y su partido se consolidaron como fuerza política. En 1983 fue uno de los fundadores de la Central única de Trabajadores (CUT). En enero de 1985, un colegio electoral designó a Tancredo Neves como el primer presidente civil de Brasil en 21 años, quien murió antes de tomar posesión. Asumió en su reemplazo José Sarney. En 1986 Lula se convirtió en diputado e integró la Asamblea Constituyente que restableció la votación libre y directa del presidente.
Las primeras elecciones se realizaron en 1989 y Lula obtuvo el segundo lugar, detrás de Fernando Collor de Mello, que ganó con el 53%, y que luego de un escándalo de corrupción renunció en diciembre de 1992. Su mandato fue completado por Itamar Franco, en cuya gestión, como ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso puso en marcha el Plan Real que terminó con la inflación crónica de Brasil.
En octubre de 1994 Lula se presentó por segunda vez como candidato a presidente y volvió a perder. Ganó Fernando Henrique Cardoso, del Partido da Social Democracia Brasileira, por, entre otras cuestiones, su éxito en el combate de la inflación. El PT obtuvo sin embargo dos gobernadores, cuatro senadores, 50 diputados federales y 92 estaduales.
Lula compitió nuevamente por la presidencia en 1998 y consiguió el 32% de los votos. Cardoso fue reelecto pero el PT conquistó tres estados. En las elecciones del año 2000 el PT ganó en más de 180 ciudades, abriendo paso a lo que se convirtió, dos años después, en un giro histórico para la política del país.
Después de tres derrotas presidenciales consecutivas, Lula no estuvo dispuesto a abandonar su carrera política, por el contrario se hizo más fuerte, su terquedad y su capacidad para mantener la confianza de las bases del partido fueron sus principales armas.
Asumió la presidencia de Brasil en 2003, tras ganar las elecciones con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones de votos) alcanzando el 61% de los mismos. El 24 de octubre de 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.
Antes de su triunfo, Lula advirtió a todos que no estaba dispuesto a perder una cuarta elección. Así que puso en marcha una estrategia electoral totalmente renovada. En principio, realizó un notable cambio de imagen: pasó al traje y a la corbata, al cabello y a la barba con un aspecto más cuidado, además de cambiar el modo de cómo decía las cosas, haciendo que la sonrisa comience a habitar su rostro. Los asesores lograron mostrar una imagen del candidato más relajada, como esposo y padre afectuoso, capaz de exteriorizar sentimientos.
A pesar de su cambio de imagen mantuvo lo esencial del discurso crítico de izquierdas, pero suavizó el tono. Aseguró a los empresarios locales y a los operadores financieros que no había motivos para temer al PT en el poder, ya que los principios del libre mercado no se cuestionaban, al igual que algunos procedimientos de estabilización económica aplicados por Cardoso, como la lucha contra la inflación y la colocación del real en el régimen de cambios variables.
Luego de confirmarse su victoria, festejada por muchos seguidores en São Paulo y otras ciudades, Lula proclamó la llegada de una "nueva era" a Brasil y convocó "a todos los brasileños, a empresarios, sindicalistas e intelectuales, para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria". Anunció la formación de un gobierno de coalición abierto a los mejores y un pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación.
En el Gobierno que formó Lula se destacaron las presencias de Ciro Gomes como ministro de Integración Nacional, Celos Amorim como titular de Exteriores (cargo que ya había ocupado en el Gobierno de Itamar Franco) y el cantante Gilberto Gil como responsable de Cultura.
Fuente: IGADI
Biografía de Lula Da Silva
De origen muy pobre a la presidencia de una nación. Lula se convirtió en una promesa para muchos desde 2003, año en que ganó la presidencia proclamando la llegada de una "nueva era" a Brasil. Quién es este hombre que con su triunfo se convirtió en un cambio de modalidad, no sólo para el Brasil sino también para toda Latinoamérica.
La pobreza como mandato
LuizInácio Lula Da Silva nació en Vargem Grande, actual Caetés, en el estado de Pernambuco, el 27 de octubre de 1945. Tiene siete hermanos -cuatro varones y tres mujeres- y él fue el séptimo. Se crió en una familia de labradores formada por AristidesInácio da Silva y Eurícide Ferreira de Melo. Poco después de su nacimiento, su padre se mudó a San Pablo para trabajar como estibador en el puerto de Santos. En una biografía autorizada, Lula afirmó que su padre -al que recién conoció cuando tenía cinco años- "era un pozo de ignorancia".
En 1952, con su madre y sus hermanos viajaron durante trece días en un camión atestado para Guarujá -en el litoral paulista-. En 1956 finalmente se instalaron en la capital de San Pablo, donde Lula, a los 12 años, comenzó a trabajar como limpiabotas y luego como ayudante en una tintorería. A los 14 años consiguió un puesto en una metalúrgica, donde trabajaba doce horas diarias. De igual forma se hizo de tiempo para realizar un curso de tornero mecánico del Servicio Nacional de Industria, que culminó en 1963.
A los 22 años se casó con Maria de Lourdes, una operaria textil, quien a los dos años quedó embarazada, pero ella y su bebé murieron durante el parto. Luego tuvo una hija, Lurian, con la enfermera Miriam Cordeiro, y en 1974 conoció a su actual esposa, Marisa Leticia, viuda y madre de un niño, con quien ha tenido tres hijos más.
Un cambio de mentalidad
En 1966 comenzó a trabajar en las Industrias Villares donde, a pesar de ser un trabajador despolitizado, se inició en el sindicalismo debido a su hermano mayor, Frei Chico -ligado al Partido Comunista Brasileño-, quien fue arrestado y torturado por los militares. A partir de entonces Lula participó de forma activa de la vida sindical y en 1972 fue elegido primer secretario del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo.
En 1975 y 1978 fue elegido presidente del sindicato metalúrgico y lideró varias huelgas que aceleraron el final de la dictadura. En abril de 1980 encabezó un paro de 41 días en el que participaron 270 mil trabajadores paulistas y por el cual fue arrestado durante un mes. El 10 de febrero de ese mismo año, junto a otros sindicalistas, intelectuales y académicos, lanzó el manifiesto que fundaba el Partido dos Trabalhadores (PT), en medio de un renacimiento del debate político en la sociedad.
Lula y su partido se consolidaron como fuerza política. En 1983 fue uno de los fundadores de la Central única de Trabajadores (CUT). En enero de 1985, un colegio electoral designó a Tancredo Neves como el primer presidente civil de Brasil en 21 años, quien murió antes de tomar posesión. Asumió en su reemplazo José Sarney. En 1986 Lula se convirtió en diputado e integró la Asamblea Constituyente que restableció la votación libre y directa del presidente.
Las primeras elecciones se realizaron en 1989 y Lula obtuvo el segundo lugar, detrás de Fernando Collor de Mello, que ganó con el 53%, y que luego de un escándalo de corrupción renunció en diciembre de 1992. Su mandato fue completado por Itamar Franco, en cuya gestión, como ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardoso puso en marcha el Plan Real que terminó con la inflación crónica de Brasil.
En octubre de 1994 Lula se presentó por segunda vez como candidato a presidente y volvió a perder. Ganó Fernando Henrique Cardoso, del Partido da Social Democracia Brasileira, por, entre otras cuestiones, su éxito en el combate de la inflación. El PT obtuvo sin embargo dos gobernadores, cuatro senadores, 50 diputados federales y 92 estaduales.
Lula compitió nuevamente por la presidencia en 1998 y consiguió el 32% de los votos. Cardoso fue reelecto pero el PT conquistó tres estados. En las elecciones del año 2000 el PT ganó en más de 180 ciudades, abriendo paso a lo que se convirtió, dos años después, en un giro histórico para la política del país.
Después de tres derrotas presidenciales consecutivas, Lula no estuvo dispuesto a abandonar su carrera política, por el contrario se hizo más fuerte, su terquedad y su capacidad para mantener la confianza de las bases del partido fueron sus principales armas.
Asumió la presidencia de Brasil en 2003, tras ganar las elecciones con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones de votos) alcanzando el 61% de los mismos. El 24 de octubre de 2003 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional.
Antes de su triunfo, Lula advirtió a todos que no estaba dispuesto a perder una cuarta elección. Así que puso en marcha una estrategia electoral totalmente renovada. En principio, realizó un notable cambio de imagen: pasó al traje y a la corbata, al cabello y a la barba con un aspecto más cuidado, además de cambiar el modo de cómo decía las cosas, haciendo que la sonrisa comience a habitar su rostro. Los asesores lograron mostrar una imagen del candidato más relajada, como esposo y padre afectuoso, capaz de exteriorizar sentimientos.
A pesar de su cambio de imagen mantuvo lo esencial del discurso crítico de izquierdas, pero suavizó el tono. Aseguró a los empresarios locales y a los operadores financieros que no había motivos para temer al PT en el poder, ya que los principios del libre mercado no se cuestionaban, al igual que algunos procedimientos de estabilización económica aplicados por Cardoso, como la lucha contra la inflación y la colocación del real en el régimen de cambios variables.
Luego de confirmarse su victoria, festejada por muchos seguidores en São Paulo y otras ciudades, Lula proclamó la llegada de una "nueva era" a Brasil y convocó "a todos los brasileños, a empresarios, sindicalistas e intelectuales, para construir una sociedad más justa, fraterna y solidaria". Anunció la formación de un gobierno de coalición abierto a los mejores y un pacto nacional contra la pobreza, la corrupción y la inflación.
En el Gobierno que formó Lula se destacaron las presencias de Ciro Gomes como ministro de Integración Nacional, Celos Amorim como titular de Exteriores (cargo que ya había ocupado en el Gobierno de Itamar Franco) y el cantante Gilberto Gil como responsable de Cultura.
La especificidad del gobierno de Lula
La especificidad
del gobierno
de Lula
Hegemonía liberal,
desarrollismo
y populismo
BRASILIO SALLUM JR.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva
consolidó la hegemonía liberal y la
democracia, pilares de un nuevo tipo de
Estado iniciado por Fernando Henrique
Cardoso. Esto se explica, en primer lugar,
por el mantenimiento de una política
económica orientada a garantizar la
estabilidad. Pero además el gobierno
implementó algunas medidas dispersas
de orientación desarrollista y, sobre
todo, lanzó una serie de políticas que le
permitieron extender la cobertura social
a los sectores más pobres y mejorar los
ingresos y las posibilidades de ascenso
de la clase media baja. Sustentado en
una coalición política muy amplia, con una
estrategia que asume por momentos
rasgos populistas, Lula ha profundizado,
imprimiéndole un tono propio, el ciclo
hegemónico liberal iniciado por su antecesor.
El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva tiene características específicas,
pero estas solo pueden ser entendidas en el marco del proceso de construcción
de una nueva forma de Estado iniciado en 1995, con la asunción de
Fernando Henrique Cardoso como presidente. Esa nueva forma de Estado
sustituyó, después de una larga transición política que se extendió entre 1983
y 1994, al antiguo Estado varguista (1930-1982), que excluía la participación
popular autónoma en la vida política, incluso durante sus fases democráticas,
Este artículo es copia fiel del publicado en la revista NUEVA SOCIEDAD No 217,
septiembre-octubre de 2008, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.
y que fue predominantemente autárquico-desarrollista en su relación con la
economía1.
A diferencia del Estado varguista, la nueva forma es democrática en cuanto a
sus relaciones con la sociedad y moderadamente liberal desde la perspectiva
de sus relaciones con la economía. Tiene dos pilares centrales: por un lado, la
Constitución democrática de 1988, que garantizó los derechos políticos y sociales;
y, por otro, el Plan Real de estabilización lanzado en 1994 y el conjunto
de reformas liberales que se implementaron durante las gestiones de Cardoso,
principalmente durante la primera. Aunque distantes en el tiempo, estos pilares
están articulados: la Constitución de 1988 había fijado las reglas y garantías de la
democracia brasileña antes del inicio del Plan Real y de las reformas de Cardoso,
pero sin lograr la estabilidad económica. Más tarde, la estabilización de la moneda
permitió pacificar a la población y contribuyó a reconciliarla con el Estado de
derecho, al tiempo que las reformas liberalizadoras lograban dejar atrás las agudas
controversias y conflictos sobre el estatismo.
Pero entonces, ¿cuál es la especificidad del gobierno de Lula? ¿En qué innova
respecto de la gestión de Cardoso? Mi argumento central es que Lula ha consolidado
la hegemonía liberal, cuya estructuración política ocurrió durante el
periodo de Cardoso. Con Lula, esta hegemonía se profundizó socialmente y
se volvió más flexible en lo que se refiere a las articulaciones entre el poder y el
capital privado, al tiempo que se acentuó la orientación desarrollista. La contracara
propiamente política ha sido la debilidad de las fronteras partidarias
y el resurgimiento de ciertas prácticas políticas populistas, en un sentido que
definiré más adelante.
A continuación desarrollaré estos argumentos.
■ La hegemonía liberal
No cabe volver aquí sobre la historia reciente de la ideología económica liberal
en Brasil, que ganó importancia como demanda de los sectores empresarios
recién hacia la segunda mitad de la década de 1980. En aquel momento se trataba,
más que nada, de reducir el intervencionismo y el arbitrio estatales. Recién
a partir de los 90, con el gobierno de Fernando Collor de Mello, el neoliberalismo
comenzó a moldear parte de las políticas públicas. Sin embargo,
fue solo con el Plan Real y la elección de Cardoso como presidente que el liberalismo
comenzó a marcar de manera sistemática las políticas de Estado, se
difundió más allá de los círculos empresariales y comenzó a predominar en
las formas de pensar de la clase política y la clase media profesional, hasta ganar
cierta presencia incluso en las clases medias bajas y los sectores populares,
principalmente del centro-sur del país.
Se trataba sin embargo de un liberalismo poco ortodoxo, polarizado entre
una vertiente neoliberal, predominante en la gestión macroeconómica, y otra
liberal-desarrollista. Esta última corriente fue el resultado del reciclaje liberal
del viejo desarrollismo y la responsable de que se aprobasen, sobre todo en
los inicios del gobierno de Cardoso, medidas destinadas a reducir el impacto
de la política macroeconómica sobre el sistema productivo. Posteriormente,
esta corriente contribuyó a generar políticas orientadas a elevar la capacidad
de competitividad económica del país en el mundo. Pero aun así el liberalismo
brasileño, además de poco riguroso en cuanto a su patrón de intervención
estatal, siempre se asoció –al contrario de lo que afirman algunos críticos de
izquierda– a políticas sociales integradoras.
Hoy existe entre los analistas un consenso casi total respecto a que la vertiente
predominante del liberalismo, la más ortodoxa, y la gestión económica en
la que se encarnó –especialmente la política antiinflacionaria, anclada en las
políticas monetaria, cambiaria y, de modo secundario, fiscal– privilegiaron
los intereses del capitalismo financierizado2. La hegemonía liberal implicó,
entonces, el liderazgo de los intereses asociados al mercado financiero sobre
el conjunto de los capitalistas y propietarios y, en mayor o menor medida, sobre
los sectores medios y subalternos de la sociedad. Tales ideas e intereses
tuvieron al Banco Central como centro de articulación y expresión. Fueron
dominantes durante todo el gobierno de Cardoso pero permitieron, principalmente
en su primer mandato, medidas parciales y puntuales inspiradas en
el liberal-desarrollismo. La regla general era que el Estado no interviniera en
la actividad económica salvo como regulador y, cuanto mucho, financiador.
Pero la hegemonía no significa la imposición de intereses, sino su universalización
por medio de ideas, lo cual permite crear puentes simbólicos y prácticas
entre los participantes de determinado sistema de dominación: entre el
sector hegemónico y los sectores subalternos, entre los dirigentes del Estado
y la masa de la población. Durante el gobierno de Cardoso, estos puentes simbólicos
descansaron en las nociones de estabilidad, competitividad, competencia,
capacitación y –en la medida en que se reconocía que el capitalismo
operaba en una sociedad injusta–inclusión social por medio de los
derechos sociales, la solidaridad y la protección social.
Estabilidad, competitividad y competencia fueron los valores que orientaron
y justificaron la política económica,en tanto que la capacitación era el
eje de las políticas destinadas a los trabajadores y los pequeños productores
(defensa frente al empleo, ajuste a los cambios tecnológicos y posibilidad de
convertirse en buenos emprendedores).
Pero la capacitación era, también, el hilo ideológico que vinculaba las políticas
sociales con la inclusión de los sectores más empobrecidos en el sistema3.
Finalmente, los derechos sociales, la solidaridad y la protección social eran los
lemas justificatorios de las políticas que buscaban priorizar a los ciudadanos
excluidos o precariamente incluidos en la sociedad capitalista. Los derechos
sociales, pilares de una ciudadanía ampliada, estaban definidos en la Constitución
de 1988 y en la Ley Orgánica de Asistencia Social (LOAS). Ambas intentaban
garantizar las condiciones plenas para el ejercicio de la democracia y fomentar
la solidaridad de los sectores privilegiados con aquellos privados de
sus derechos básicos o en una situación de miseria tal que requiriera protección
inmediata. No obstante, aunque se trataba de prestar solidaridad a los de
abajo, de proteger y asegurar los derechos de todos, esto estaba impregnado
también por la idea de capacitación, en el sentido de brindar a todos la posibilidad
de participar plenamente en la sociedad capitalista. Garantizar el pescado, pero
también enseñar a pescar.
Durante el gobierno de
Cardoso, estabilidad,
competitividad y competencia
fueron los valores que orientaron
y justificaron la política
económica, en tanto que
la capacitación era el eje de
las políticas destinadas
a los trabajadores y
los pequeños productores ■
Las políticas sociales durante el gobierno de Cardoso fueron en general universales,
sobre todo en salud y educación. Pero incluso cuando había focalización, esta se
realizaba principalmente en términos regionales: por ejemplo, el Programa Comunidad Solidaria apuntaba a articular las diversas políticas universales en los municipios más pobres del país.
Las políticas de transferencia de renta, focalizadas en familias por debajo de
la línea de pobreza con características específicas (con hijos pequeños, en
edad escolar, etc.), solo ganaron importancia durante el segundo mandato de
Cardoso y sustituyeron la distribución de canastas básicas y otros productos4.
Pero incluso este tipo de políticas estaba vinculado a la capacitación, ya que
se condicionaba la transferencia a la comprobación de la asistencia de los hijos
a la escuela o a la realización de controles de salud.
Aunque los intereses del mercado financiero y el ajuste al capitalismo financierizado
hayan sido preponderantes en este periodo, la traducción de las nociones
mencionadas en políticas concretas fue realizada básicamente por la
clase media profesional, incorporada al equipo de funcionarios públicos en
los sectores superiores de la administración5. Se entiende aquí por «clase media
profesional» a aquellas personas que se ganan la vida gracias al ejercicio
calificado de profesiones especializadas de nivel superior, como economistas,
administradores, ingenieros, sociólogos, etc., quienes usualmente trabajan como
docentes universitarios, consultores o gerentes. En este sentido, es central
subrayar que las nociones claves de estabilidad, competitividad y competencia
–y las ideas conexas de eficiencia, racionalidad y capacitación–, todas ellas
lemas del capitalismo contemporáneo, son virtudes cultivadas por esta clase
media profesional.
Las políticas de transferencia
de renta, focalizadas
en familias por debajo de
la línea de pobreza con
características específicas,
solo ganaron importancia
durante el segundo
mandato de Cardoso ■
■ El liberalismo en tiempos de Lula
¿En qué sentido se puede decir que el gobierno de Lula es una continuación
del anterior? ¿En qué radican las diferencias más importantes? Existen varios
estudios sobre la conversión de Lula y la dirección del Partido de los Trabajadores
(PT) a las políticas macroeconómicas de su antecesor, conversión expresada
en la prioridad otorgada a la estabilidad de la moneda, el mantenimiento
del sistema de metas de inflación y el régimen de cambio fluctuante, junto
con el ajuste fiscal para sostener el superávit primario y el respeto de los contratos6.
No insistiré aquí en este punto7.
Sin dudas, el elemento clave que permite ligar ambos gobiernos es la decisión
de considerar la estabilidad monetaria como el valor máximo a alcanzar, aunque
no de cualquier modo. La estabilidad fue procurada mediante políticas
macroeconómicas aceptadas en los medios académicos liberales y neoclásicos8.
Además, durante el gobierno de Lula, las reformas liberalizadoras del
periodo anterior no fueron modificadas y se mantuvieron vigentes la eliminación
de los privilegios de las empresas nacionales, las privatizaciones, los regímenes
de concesiones públicas, las reglas para la gestión fiscal equilibrada
y la autonomía operativa del Banco Central9.
En sus inicios, el gobierno de Lula se preocupó fundamentalmente por calmar
a los mercados manteniendo las políticas anteriores e incluso aumentando el
superávit fiscal prometido por Cardoso al Fondo Monetario Internacional
(FMI). Es más: Lula continuó con el programa de reforma previsional y tributaria
iniciado en el periodo anterior. Esta continuidad fue asumida de mala
gana por la mayoría de los militantes del PT y por buena parte del gobierno
(con la lógica excepción del equipo económico), aunque con resignación, pues
era vista como inevitable para garantizar la estabilidad.
La compatibilización entre la necesidad de sostener la estabilidad y los viejos
lemas del partido –mayor presencia del Estado en la vida social, protección
de las empresas de capital nacional, en especial las pequeñas, mejor distribución
de la renta y más protección a los trabajadores y los pobres– fue procurada
de diversas formas. En primer lugar, la retórica gubernamental comenzó a
enfatizar las ventajas de la estabilidad económica para los sectores pobres y
para la generación de un crecimiento duradero y sustentable. El argumento,
por supuesto, no era nuevo, pero adquirió otro color al ser utilizado por un
presidente identificado con los sectores populares.
Pero además el gobierno de Lula interrumpió el proceso de privatizaciones y,
con ello, evitó la reacción crítica de las corrientes de izquierda. Como contribución
propia a la construcción de esta nueva forma de Estado, propuso la figura
de la «asociación» como mecanismo de articulación entre el sector público y las
empresas privadas. Esta iniciativa fue aprobada por el Congreso en 2004 mediante
una ley que regula las asociaciones público-privadas para obras de infraestructura.
En estas asociaciones, el Estado define qué hacer, conservando
el papel dirigente, y realiza parte de las inversiones. Una vez finalizada
la obra, las empresas privadas se convierten en explotadoras de
los servicios (caminos, ferrocarriles, metro) con una rentabilidad mínima
garantizada por un fondo público.
Finalmente, la convergencia entre la necesidad de garantizar la estabilidad
económica y los planteos originales del PT se logró gracias a la implementación
de una serie de políticas orientadas a democratizar el acceso a los recursos y la apertura de nuevos canales de ascenso social. Para ello, como se detalla más adelante, se aumentó el ingreso real de aquellos ciudadanos que,
aunque ya incluidos, se encuentran ubicados en segmentos inferiores de la pirámide
social, y se amplió la cobertura a todos los brasileños situados debajo de la
línea de pobreza, ya no considerados como individuos sino como familias.
La convergencia entre
la necesidad de garantizar
la estabilidad económica y los
planteos originales del PT se logró
gracias a la implementación.
BIOGRAFIA DE UN PRESIDENTE
LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA
Pernambuco. Séptimo hijo de una familia desintegrada de pocos
recursos, Lula pasó de ser un simple tornero a ser un dirigente popular del movimiento sindicalista de Brasil. Tras duras batallas contra el régimen militar y siendo uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), Lula llegó al poder en el año 2002. Tanto para el pueblo brasileño como para toda América Latina, el triunfo del petista significó la esperanza de que la izquierda pudiera gobernar, ofreciendo grandes expectativas de cambio social.
A los siete años de edad Lula migró de su pueblo natal a la ciudad de São
Paulo, donde realizó trabajos duros mal pagados, lo que le impidió concluir sus
estudios básicos. Su primer acercamiento a la industria metalúrgica fue con la
empresa Armazéns Gerais Columbia cuando tenía tan sólo catorce años. En
1963 obtuvo la calificación de tornero mecánico después de haber tomado un
curso impartido por el Servicio Nacional de Industria.
Junto con su hermano mayor, Frei Chico, ligado al Partido Comunista
Brasileño, Lula comenzó a interesarse en el movimiento obrero. En 1968 se
afilió al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema.
Dentro de este sindicato Lula fue integrante del Comité Ejecutivo (1969), primer
secretario (1972) y presidente en dos ocasiones (1975 y 1978). Durante este
periodo lideró varias huelgas que pusieron en jaque al régimen dictatorial. Su
lucha a favor de los derechos laborales y las libertades sindicales le valieron
gran popularidad entre los trabajadores brasileños.
Con miras a fortalecer la oposición para debilitar a la dictadura militar, en
1980 Lula con un grupo de sindicalistas, intelectuales, académicos y activistas
sociales fundaron el Partido de los Trabajadores (PT). Esta iniciativa formaba
parte de un movimiento más amplio que intentaba recuperar el sistema
democrático en Brasil, al cual también pertenecía el proyecto político de
Fernando Henrique Cardoso, por ejemplo. Finalmente, en 1985 cayó la
dictadura y se restableció el sistema de partidos.
En este contexto, Lula comenzó su carrera política dentro del sistema
institucional. A pesar de que el PT no era el único partido político de izquierda1,
éste llegó a ser la primera fuerza de esta tendencia en 1986, año en el que el PT
logró el 6.9% de los votos, y 16 diputados, convirtiéndose en la primera fuerza
de izquierda. Como legislador de oposición Lula luchó por la inserción de los
derechos laborales en la nueva Constitución brasileña de 1988, como el
derecho de huelga, la semana laboral de 44 horas, las vacaciones parcialmente
pagadas y las revisiones salariales ajustadas al coste de vida, entre otras
mejoras históricas.
Las primeras elecciones para elegir directamente al presidente después de la
dictadura se celebraron en 1989. Para esta contienda el PT junto con el Partido
Socialista Brasileño y el Partido Comunista de Brasil crearon el Frente Brasil
Popular, postulando como candidato a Lula. En esta ocasión la victoria fue
para Fernando Collor de Mello, candidato del Partido de Reconstrucción
Nacional (PRN) de centro-derecha.
Durante la administración de Collor de Mello (1990-1992), Lula emprendió una
dura ofensiva contra las políticas neoliberales que aquel gobierno estaba
aplicando. En contraste, las demandas del PT se referían al aumento de los
salarios, al aumento de los ingresos reales de los trabajadores, a la
redistribución de la renta nacional y a la reforma agraria, entre otras.
Asimismo, desde la dirigencia del PT Lula participó en las movilizaciones para
enjuiciar al presidente Collor de Mello por presuntos actos de corrupción.2
En 1994 Lula compitió nuevamente por la presidencia a la cabeza del Frente
Popular por la Ciudadanía. En estas elecciones la victoria fue para Fernando
Henrique Cardoso del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Un
año después Lula dejó la presidencia del PT y se hizo cargo del Instituto
Ciudadanía, centro estudios y formación políticas del PT.
En su tercer intento por la presidencia (1997) Lula se alió con el PDT,
promoviendo una coalición de izquierda frente al neoliberalismo y la
globalización. No obstante la reelección de Cardoso, el PT alcanzó 58
diputaciones, 7 senadurías y tres gobernaciones. Para el año 2000 el PT ya
gobernaba 187 ciudades, destacando su gobierno en la ciudad de Porto Alegre
con el proyecto del presupuesto participativo.
Finalmente, la victoria llegó en los comicios del año 2002 cuando la coalición
“Lula Presidente” (PT y cuatro partidos políticos más, incluyendo el Partido
Liberal) ganó las elecciones en segunda vuelta con el 61.3% de los votos. Para
algunos analistas este resultado se debió a la imagen y al discurso más
conciliadores de Lula. Desde campaña Lula había prometido respetar los
acuerdos firmados entre el gobierno de Cardoso y los organismos financieros
internacionales, por ejemplo. Asimismo, las propuestas y compromisos de
erradicar la pobreza y el hambre, mejorar los estándares de vida de todos los
brasileños, crear empleos; así como promover una política económica
socialmente orientada y relanzar la producción nacional fueron puntos de gran
atracción para el electorado.
Así, a los 57 años de edad Lula Da Silva asumió la presidencia de Brasil el 1º de
enero de 2003. Como primer paso Lula convocó a un pacto nacional que
incluyera todas las fuerzas políticas y sociales del país para alcanzar los
objetivos planteados. Entre los programas de gobierno que se echaron a andar
en los dos primeros años destacan: el Proyecto Hambre Cero, el Plan Nacional
de Erradicación del Trabajo Esclavo, el Plan Nacional de Reforma Agraria y el
Programa Bolsa-Familia.
En octubre de 2006, Lula ganó las elecciones presidenciales para su segundo
periodo de gobierno, al obtener el 60,80% de los votos en la segunda vuelta
electoral. Su campaña se caracterizó por la defensa de su programa económico
a partir del combate a la exclusión social, a la pobreza y a la desigualdad y la
profundización del nuevo modelo de desarrollo basado en el crecimiento con
distribución de renta y sostenibilidad ambiental.
A pesar de que su programa económico y social ha sido criticado por las alas
más duras del Partido de los Trabajadores (PT) y de la izquierda brasileña al
considerar que se trata de una “continuidad” de las políticas neoliberales del
gobierno de Cardoso y que dichas políticas no han arrojado todos los resultados
deseados, es importante reconocer el énfasis social que el gobierno petista ha
marcado en el marco del neoliberalismo. Asimismo, ideas como una reforma
fiscal progresiva, la universalización de los derechos sociales, el principio de
inclusión social y la promoción del diálogo Norte-Sur y el multilateralismo a
nivel internacional, ideas promovidas por el gobierno de Lula, son elementos
que toda agenda moderna de centro-izquierda debe contener.
EL CONSEJO DE DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL DE BRASIL
Entre las medidas novedosas del recientemente electo presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, se encuentra la instalación de un consejo plural con representantes del go-bierno junto a la sociedad civil, sindicatos y empresas para abordar los temas socia-les y ambientales. La medida ha sido de-fendida como un paso más en la democra-tización de la gestión gubernamental en Brasil, aunque ha recibido diversos cues-tionamientos por su composición y objeti-vos. En el presente Observatorio de la Globalización se describe ese consejo, se lo analiza brevemente y se ejemplifican al-gunos de los debates en marcha.
Objetivos, función y estructura
El Consejo de Desarrollo Económico y Social (CDES) tiene como objetivo princi-pal crear un ámbito plural, donde se pre-sentan y discuten temas nacionales, se construyan soluciones, se generan res-puestas para la administración, y se conci-lien los intereses de los diferentes actores sociales. El consejo contribuye a buscar el consenso en la sociedad brasilera; en otras palabras, la búsqueda de un acuerdo so-cial. Asimismo, el consejo también sirve para orientar directamente al presidente de Brasil sobre las reformas a instituir, convirtiéndose en un órgano de asesora-miento y consulta.
Según las palabras de Lula da Silva en la ceremonia de inauguración del nuevo órgano, ‘el Consejo no es apenas más que un instrumento de debates. Es un espacio muy especial, con una finalidad nueva y precisa. Del mismo forman parte ciuda-danos y ciudadanas representativos de diferentes clases sociales, variados secto-res productivos, con puntos de vista e intereses no necesariamente coincidentes pero con un objetivo en común: contribuir para que Brasil, haciendo las reformas necesarias, supere la crisis actual y retome de modo sustentable el camino de creci-miento económico y de verdadera justicia social’ .
Por lo tanto, el CDES tendrá participación en todas las decisiones importantes del gobierno, actuando como instrumento de construcción de soluciones. Las decisiones del consejo serán tomadas por votación y mayorías simples. Se espera que el Conse-jo, dada su estructura plural, sirva como canal de representación y expresión de las diferentes percepciones y demandas de la sociedad. Las acciones del conjunto del Consejo permitirían demostrar que real-mente estaría cumpliendo con su papel de vinculación con el resto de la sociedad. Es importante subrayar que el CDES tiene un carácter asesor, no puede imponer medi-das ni resoluciones definitivas, y que si bien tiene acceso directo a la presidencia, su coordinación está en manos del Minis-terio de Desarrollo Social.
Las Medidas Provisorias del programa de gobierno de Lula da Silva, en particular la medida Nº 103, hacen referencia explícita a la instalación del CDES. En el capítulo I, sección I, inciso II, se dispone al consejo como órgano de asesoramiento inmediato de la Presidencia de la República. A su vez, en la sección que le sigue, bajo los artículos 7 y 8, se enumeran las competen-cias del mismo, y sus miembros. La idea del CDES también estaba adelantada en el programa de gobierno del PT.
El consejo consta de 82 miembros, presi-dido por el presidente de Brasil, Lula de Silva. El Sr. Tarso Genro, un destacado integrante del PT con amplia actuación en el estado de Rio Grande do Sul, fue desig-nado como Secretario Especial de Desa-rrollo Económico y Social, que actúa como coordinador.
La elección de los miembros del consejo fue realizada directamente por la presi-dencia; no existieron mecanismos de au-todesignación que partieran desde las organizaciones sociales. Los consejeros fueron seleccionados por el presidente Lula de una lista de 100 posibles candida-tos elaborada por el Secretario Tarso Gen-ro. Los criterios de selección se basaron en representatividad nacional y sectorial, capacidad de contribuir con el gobierno, nombres de reconocido esfuerzo para el área social.
La idea de un consejo de este tipo se Encontraba EN el plan de gobierno presentado por el Partido de los Trabajadores (PT) en la última campaña electoral (2002). Allí se proponía simplemente la institucionalización de un Consejo de Desarrollo Social (CDS), sin énfasis en los aspectos económicos. En consecuencia, los objetivos de la propuesta difieren con el consejo que finalmente se instaló.
En efecto, la propuesta inicial del PT se encontraba dentro del área de inclusión social, y se basaba en la necesidad de articular y coordinar acciones en el gobierno, a fin de superar la lógica sectorializada y fragmentada de los programas sociales. En buena medida, el actual CDES sigue otro camino, ya que legitima las reformas a llevarse a cabo durante el período de gobierno del actual presidente. Por medio de este consejo, se deberían lograr consensos entre los distintos sectores poblacionales, los cuales conformarían las líneas de acción de las reformas sugeridas por el conjunto de la sociedad brasilera.
El consejo propuesto originalmente por el PT apuntaba a trabajar con Cámaras Téc-nicas Sectoriales, definiendo una gestión administrativa intersectorial a la hora de implementar las políticas. Esta forma de acción es distinta a los Grupos Temáticos del CDES, los que desde un inicio muestran una heterogeneidad de sectores pro-moviendo así un trabajo administrativo intersectorial.
En cuanto a las atribuciones del CDES es similar a la propuesta inicial del PT. Sin embargo, existen diferencias en los ejes centrales de preocupación y atención. La propuesta inicial del CDS centraba su atención principalmente en la inclusión social (generación de empleo y puesto de trabajo, justicia social); mientras que el CDES actual incorporó entre sus aspectos esenciales el desarrollo económico. La propuesta electoral no aclara la composición del proyectado Consejo. El CDES actual se corresponde con la propuesta electoral en otras áreas, como la articulación con el tercer sector y con las 'empre-sas socialmente responsables'.
Integración
La mitad de los miembros del consejo provienen del sector empresarial , segui-dos por los trabajadores; en ambos casos la proporción es mayor a los delegados del propio gobierno (Cuadros 1 y 2).
Dentro de los empresarios, la mitad co-rresponden a la industria.
El grupo de los empresarios incluye a re-presentantes de las empresas más impor-tantes del Brasil. Como ejemplo, entre ellos están los presidentes de las federa-ciones industriales de los estados de Rio de Janeiro, San Pablo, Paraná y Minas Gerais, junto a los presidentes de algunas de las compañías más grandes de Brasil, tanto nacionales como extranjeras (Gra-diente, Telefónica, Telemar, Compañía do Vale do Rio Doce, Alcoa, Companhia Siderúrgica Nacional, Suzano Papel y Celu-losa, y Dixie Toga). El consejo también incorpora a los presidentes (o vicepresidentes) de los grandes bancos (ABN Amor Real, Citybank, Santander, Itaú), junto al presidente de la asociación de bancos, y el presidente de la bolsa de va-lores de Sao Paulo (Bovespa). En esta lista se encuentran algunas de las personas más ricas e influyentes de Brasil, como Abilio Diniz (presidente del Grupo Pan de Azúcar) o Roberto Setúbal (presidente del Banco Itaú).
Los objetivos del sector comercial son la flexibilización de las leyes de trabajo, pidiendo menores recargos en las planillas salariales. Por parte del sector industrial, se consideran prioritarias las reformas tributarias. En cuanto al sector bancario, apuntan a su vez a la reforma tributaria como su principal tema.
Cuadro 1. Composición del Consejo de Desarrollo Económico y Social SECTOR | NUMERO MIEMBROS | PORCENTAJE | |
Empresarial Banca y finanzas Industria Comercio Servicios Agropecuaria | 41 7 22 2 5 5 | 50 | |
Trabajadores | 13 | 15.8 | |
Gobierno | 11 | 13.4 | |
Organizaciones Sociales | 11 | 13.4 | |
Académico, religioso, cultural | 6 | 7.3 | |
Total | 82 | ||
Los delegados del gobiernos están lidera-dos por el Ministro Tarso Genro, e inclu-yen a Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de la República, junto a los ministros polí-ticos (ministerio de la presidencia, las se-cretarias de gobierno, comunicación y estrategia, y un representante del gabinete de seguridad), los ministros del área eco-nómica y productiva (ministerios de eco nomía, planeamiento, desarrollo indus-trial y comercio exterior), junto a los del área social (ministerios de trabajo, y de asistencia social). El principal interés del gobierno es lograr un consenso bajo el cual se aprueben las reformas formuladas en el plan de gobierno de Lula da Silva.
Los representantes del sector de trabaja-dores incluyen a los presidentes de todas las centrales sindicales brasileras (comen-zando por la CUT, de donde proviene el presidente Lula, junto a la CGT, CGTB y Força Sindical); también se incluye al pre-sidente de la CONTAG (el poderoso sin-dicato de trabajadores rurales, que integra la CUT), y otros representantes, como el presidente del Sindicato de los Metalúrgi-cos do ABC. Este grupo quiere mantener los derecho de los trabajadores, mas no existe un consenso al interior del mismo. Algunos defienden la flexibilización labo-ral mientras otros la rechazan.
En el grupo de las organizaciones sociales es muy diverso, e incluye desde ONGs clásicas al Movimiento de los Sin Tierra, una de las organizaciones más extendidas y poderosas de Brasil. En este grupo se destacan la Asociación Brasilera de ONGs, y Pedro Terual, coordinador de la Asocia-ción de Empresarios para la Ciudadanía (CIVES).
Finalmente, existe un grupo minoritario asignado para los espacios religiosos, aca-démicos y culturales, donde se encuentran varios profesores universitarios, y organizaciones como la Sociedad Brasilera para el Progreso de la Ciencia.
Antecedentes y experiencias
internacionales
En aproximadamente otros 30 países exis-ten consejos de este tipo, volcados a los temas económicos y sociales, formados por integrantes de la sociedad civil y de los respectivos gobiernos. En esas otras experiencias los objetivos son similares, incluyendo el asesoramiento a los gobier-nos en la toma de decisiones y la búsque-da de pactos sociales.
La idea de un consejo plural nació en Francia en 1948. El modelo francés consta de 231 miembros, pero a diferencia del CDES de Brasil, funciona vinculado al
Poder Legislativo. Este consejo se reúne dos veces por mes, elaborando cerca de veinte reportes con recomendaciones para el gobierno. Los textos son todos públicos y el gobierno tiene la obligación de dar cuenta del rumbo de las cuestiones suge-ridas por el consejo.
El modelo adoptado por el Brasil se basó en la experiencia holandesa. En ese país el consejo nace en 1950. La única diferencia con el proyecto sudamericano es el núme-ro de integrantes: en Holanda es más pe-queño (33 miembros). En ambos el foco principal se encuentra en el crecimiento económico, el desarrollo sustentable, el aumento del nivel de empleo, y una justa distribución de la renta.
Otros países que han adoptado consejos de este tipo, como Bélgica (1948), Italia (1957), Austria (1963), e Irlanda (1973). Los consejos europeos más recientes son los de España y Portugal, instituidos am-bos en 1991.
El debate en Brasil
Varios sectores brasileros recibieron la instalación del consejo positivamente. Por ejemplo, desde los espacios empresariales, Gabriel Jorge Ferreira, Presidente de la Federación Brasilera de Bancos (Febra-ban), sostuvo que el consejo “será un im-portante canal para institucionalizar el diálogo del gobierno con segmentos de la sociedad, contribuyendo para el debate de cuestiones fundamentales para el país”.
Los empresarios consideran al CDES y sus objetivos de diálogo entre la sociedad y el poder público como un importante canal de comunicación social. A su vez, sostie-nen que independientemente de la heterogeneidad de los integrantes será posible llegar a un consenso en los debates.
Sin embargo existieron polémicas y críti-cas. En primer lugar, la mitad de los inte
grantes son empresarios, superando en número a cualquier otro sector, sean sociales como gubernamentales. Esa composición hace temer un sesgo en la agenda y resoluciones del CDES. El sector sindical teme que el consejo se transforme en un gran foro de defensa de los intereses empresariales. Han existido algunas polémicas desencadenas por algunos delegados (como se dio con el diputado Delfim
Netto que proviene desde tiendas ideológicamente opuestas al PT).
Finalmente, se ha advertido que existe un fuerte desequilibrio en la procedencia geográfica de los miembros del consejo. El 46% proviene del estado de Sao Paulo, seguido por el 7% para Rio de Janeiro, Brasilia y Rio Grande do Sul. Muchos estados apenas cuentan con el 1% de los sitios (es el caso de Santa Catarina, Goias, Pernambuco, Alagoas).
Primeros pasos
La ceremonia de apertura del Consejo se llevó a cabo el 13 de febrero del 2003 en el Palacio do Planalto, en Brasilia. Se presen-tó al CDES como la principal innovación del actual gobierno. Actualmente en la agenda del Consejo se han incluido temas que se corresponden con las propuestas de reforma planteadas por el gobierno Lula. Recordemos que la nueva administración del PT busca reformas tributaria, de seguridad social, agraria, política, y laboral.
Entre ellas, el Consejo ha tomado en primer lugar a las reformas de la seguridad social, seguidas por la reforma tributaria. No obstante, el gobierno ha discutido con el sector empresarial otros temas, como la autonomía operacional del Banco Central y la reforma de legislación sobre quiebras, punto central para lograr ampliar y abara-tar el crédito al sector productivo. Recientemente se han aprobado algunas de estas medidas en el Parlamento.
Para avanzar en estos temas se han establecido subgrupos de trabajo por temas. Actualmente existen dos grupos temáticos de trabajo que corresponden a las cuestio-nes de prioridad en la agenda, uno dedicado a la reforma de la seguridad social, y otro sobre la reforma tributaria.
Se han establecido otras dos reuniones generales del CDES planificadas para abril y junio. No obstante ello, habrá reuniones a intervalos de menor tiempo de duración. Sin embargo, un ritmo de encuentro bimensual y el carácter asesor del consejo limitan sus capacidades de in-fluencia sobre el gobierno federal.
Ventajas y desventajas
La primera desventaja se desprende de la composición misma del Consejo, debido a la asimetría que implica la alta proporción empresarial. Tal como se indicó arriba este hecho ha despertado ciertos cuestionamientos; esa característica, como temen los sindicatos, podría llegar a ser un problema si no se llegara a lograr consensos entre ese sector con los demás integrantes. Puesto que las decisiones se toman por mayorías simples, los sectores minoritarios pueden quedar desplazados, incluso si logran alianzas entre ellos ya que aún sumándose no alcanzan el 50 por ciento de los integrantes.
Otra desventaja que podría desencadenar-se en el proceso de toma de decisiones y en el resultado de las ‘soluciones’ se debe a la desproporción geográfica. Casi la mi-tad de los consejeros provienen del Estado de Sao Paulo, lo cual podría desembocar en subestimar la situación en otras áreas del país.
En cuanto al proceso de reuniones, la frecuencia de encuentros es limitada. Más allá de los encuentros que tengan los grupos temáticos, el promedio de reuniones será de una cada 60 días para el plenario del Consejo.
Cuadro 2. Lista completa de los miembros del Consejo de Desarrollo Económico y Social de Brasil.
Abílio dos Santos Diniz, presidente del grupo Pão de Açúcar Alain Juan Pablo Belda, presidente de Alcoa Alceu Nieckarz, obispo evangélico Altemir Antônio Tortelli, director de Fetraf-Sul Antoninho M. Trevisan, presidente de Trevisan Associados Antônio Carlos dos Reis (Salim), presidente de la CGT (Central General de Trabajadores) Antônio Fernandes dos Santos Neto, presidente CGTB (Central General Trabajadores Brasil) Aparecida Sueli Carneiro, coordinadora ejecutiva de la Red de Entidades de Mujeres Negras Benjamin Steibruch, presidente de la CSN (Compañía Siderúrgica Nacional) Cláudio Baldino Maciel, presidente de la Asociación Brasilera de Magistrados Cláudio Soares de Oliveira Ferreira, OAB (Ordem dos Advogados do Brasil) Cosette Alves, empresaria D. Tomas Balduíno, obispo Daniel Feffer, presidente de la Compañía Suzano de Papel y Celulosa Dráuzio Varella, médico Eduardo E. Gouvêa Vieira, presidente de la Federación Industrias del Estado do Rio de Janeiro Eros Roberto Grau, abogado y profesor universitario Eugênio Emílio Staub, presidente de la Gradiente Fábio Colletti Barbosa, presidente del banco Abn-Amro Real S.A. Felipe Maia Guimarães da Silva, presidente de la UNE (Unión Nacional de Estudiantes) Fernando R. Moreira Sal, presidente de la CBMM (Compañía Brasilera de Metalurgia y Minería) Fernando Xavier Ferreira, presidente de Telefónica Frank Algot Eugen Svensson, profesor universitario Gabriel Jorge Ferreira, presidente de la Federación Brasilera de Asociaciones de Bancos Glaci Therezinha Zancan, presidente del Sbpc Gustavo Carlos Marin Garat, presidente del Citybank Hélgio Trindade, ex-rector de la UFRGS (Universidad Federal do Rio Grande do Sul) Horácio Lafer Piva, presidente de la Fiesp (Federación Industrias Estado de São Paulo) Ivo Rosset, presidente de la Valisère João Felício, presidente de la CUT (Central Única de los Trabajadores) João Resende Lima, presidente de la Cobap (Confederación de Jubilados y Pensionistas) João Vaccari Neto, presidente del Sindicato de Banqueros de São Paulo Jorge Gerdau Johannpeter, presidente del grupo Gerdau Jorge Nazareno Rodrigues, presidente del Sindicato de los Metalúrgicos de Osasco José Antônio Moroni, coordinador de las Fnas José Augusto Marques, presidente da Abdib José Calixto Ramos, presidente da CNTI José Carlos Costa Marques Bumlai, agricultor
José Carlos Gomes Carvalho, presidente de la Federación Industrias del Estado do Paraná José Luís Cutrale, presidente de la Sucocítrico Cutrale José Mendo Mizael de Souza, del Instituto Brasilero de Minería
Joseph Couri, presidente de la Ansimpi (Asoc. Nac. Sindicatos Micro y Pequeña Industria) Juçara Maria Dutra Vieira, presidente de CNTE Laerte Teixeira da Costa, presidente de CAT Luís Manuel Rebelo Fernandes, profesor universitario de UFRJ Luís Otávio Gomes, presidente de la Confederación Nacional de las Asociaciones Comerciales Luiz Carlos Delben Leite, presidente de la Abimaq Luiz Gonzaga Beluzzo, economista Luiz Marinho, presidente del Sindicato de los Metalúrgicos de ABC Manoel de Serra, presidente de la Contag Márcio Artur Cypriano, presidente del Bradesco Márcio Lopes de Freitas, presidente de la Organizació de las Cooperativas Brasileras Marfan Martins Vieira, presidente de la Asociación Nacional Miembros del Ministerio Público Maria Lucélia dos Santos, actriz
Maria Victória Benevides, cientista política Maurílio Biagi Filho, presidente de la Cia. Energética Santa Elisa Mauro Knijnik, empresario Miguel João Jorge Filho, vice-presidente del Banco Santander Milu Vilela, presidente de Mam (Museo de Arte Moderno de São Paulo) Muniz Sodré de Araújo Cabral, profesor universitario de estudios de la cultura negra Omilton Visconde Júnior, presidente de Febrafarma Paulo Antônio Skaf, presidente de Abit Paulo Pereira da Silva, presidente de Força Sindical Paulo Vellinho, empresario Pedro de Assis Ribeiro de Oliveira, Comunidades Eclesiales de Base Pedro Jereissati, presidente del grupo Telemar Pedro Luiz Teruel, coordinador nacional de Cives Raymundo Magliano Filho, presidente de la Bovespa Ricardo Carvalho, de la Sinfavea/Anfavea Ricardo Young Silva, presidente del Instituto Ethos Rinaldo Campos Soares, presidente de Usiminas Roberto Baggio, dirección nacional del MST (Movimiento Trabajadores Rurales Sin Tierra) Roberto Egydio Setubal, presidente del Banco Itaú Robson Braga de Andrade, presidente de la Federación Industrias Estado de Minas Gerais Rodrigo Costa da Rocha Loures, presidente de Nutrimental Roger Agnelli, presidente de la Compañía Vale Do Rio Doce Sérgio Haberfeld, presidente de la Dixie Toga Sérgio Haddad, presidente de la Abong Sônia Maria Fleury Teixeira, profesora universitaria de UFRJ e FGV Viviane Senna Lalli, presidente del Instituto Ayrton Senna Waldemar Verdi Junior, vice-presidente de Fenabrave Zilda Arns Neumann, coordinadora nacional de la Pastoral da Criança.
Por otro lado, la idea de crear un órgano consultivo que forme parte de la estructura gubernamental es un hecho positivo que se debe subrayar. Su papel de articulador entre la sociedad civil y el gobierno merece ser destacado, y constituye un claro avance en la democratización brasilera.
Es importante advertir que el CDES es un paso innovador en el contexto Latino-americano, ya que la mayor parte de estas experiencias se han dado en las naciones industrializadas. La comparación de experiencias internacionales fue de gran utilidad en la composición y funcionamiento del caso de Brasil. Es importante realizar un seguimiento del CDES brasilero ya que ofrece un ejemplo de fortalecimiento democrático, acceso a la información y mayor participación, y que debería ser seguido por otros países.
